Ni subidón, ni mariposas, ni juegos: seguridad

Leía hace poco en Twiter una publicación que, tanto por cierta como por lapidaria, me resultó interesante. Decía así: “toda la vida creyendo que las mejores sensaciones del amor eran el subidón, los nervios e, incluso, un poco, la incertidumbre. Y resulta que no, que la mejor sensación que el amor puede provocarte, de lejos, es la seguridad”.  39 palabras. Zas.

Cuando hablamos sobre estas emociones: subidón, nervios, incertidumbre…en realidad ni siquiera nos estamos refiriendo (al menos en su totalidad) al concepto “amor”, sino a su versión renacuaja, el enamoramiento.

Sabemos que el enamoramiento es esa fase en la que se produce la borrachera de dopamina, aquella en la que incluso el prefrontal de nuestro cerebro se ha ido de espicha, lo que explica que, a veces, cuando pasa, nos preguntemos ¿pero yo qué hago aquí y este/a quién es?

Pero lo verdaderamente interesante de este tuit es el concepto de “seguridad”. ¿Qué significa sentirse seguro dentro de una relación de pareja?

En la década de los años 50 un médico austriaco que se llamaba Konrad Lorenz y que dedicaba en aquella época sus esfuerzos a estudiar el comportamiento vincular de los patos inspiró al padre de la teoría del apego, John Bolwby, para el estudio del vínculo entre los seres humanos.

Sería imposible recoger en este artículo todo lo que esta teoría implicaría después para el mundo de la psicología, así como la cantidad de estudios que el propio Bowlby y sus coetáneos  -mención especial a Mary Ainsworth– aportarían a este campo científico. Pero la seguridad en el vínculo se erigió como un aspecto clave, constituyendo un estilo de apego en sí mismo: el apego seguro.

En líneas generales, la teoría del apego postula la necesidad de los niños y niñas de establecer un vínculo con un cuidador principal para su supervivencia. Imaginad un recién nacido sin ninguna figura adulta alrededor ¿qué posibilidades tendría para sobrevivir? hay especies que nada más nacer son capaces incluso de correr, pero ¿y los seres humanos? somos completamente vulnerables.

Por esta necesidad de establecer un vínculo los bebés tienen un repertorio de conductas destinadas a obtener atención. La mundial (y estridentemente conocida) es el llanto.

¿Cuál es la tarea de la figura de apego? cubrir las necesidades del bebé. Si la figura no está disponible, la cosa se complica: ansiedad por separación.

La idea de la ansiedad por separación viene siendo la sensación de que la figura de apego puede fallarnos, no está disponible, o lo que es peor, puede llegar a abandonarnos. Los niños la necesitan, pero ¿y los adultos?

Los adultos no necesitamos una figura vincular para sobrevivir pero algún día sí la hemos necesitado para llegar aquí, así que quieras o no, si estás leyendo estas líneas y no eres Mowgli de “El libro de la selva” tú tienes un estilo de apego, y va a ser mejor que sepas cual es.

En los años 80 Cindy Hazan y Phillip Shaver describieron cuatro tipos de apego (denominados de diversas formas según el autor) en las relaciones adultas: seguro, ansioso-preocupado, evitativo-independiente y con miedo-evitación.  Por describirlos brevemente:

  • Apego seguro: se caracteriza por la visión positiva de uno mismo, de la pareja y de las relaciones sociales en general. Estas personas se desenvuelven bien tanto en la independencia como en la intimidad.
  • Apego preocupado – ansioso: se caracteriza por la búsqueda continua de la aprobación por parte de la pareja. Su valor radica en lo queridas que se sientan dentro de la intimidad, por este motivo, tienden a ser dependientes. También se presentan: altos niveles de expresividad emocional, celos, preocupación e impulsividad.
  • Evitativo – independiente: se da una preferencia por la independencia, en ocasiones hasta anular por completo cualquier apego y evitarlo de forma activa. Se consideran autosuficientes, pero se acompaña de represión emocional, tienen una visión negativa de sus parejas, como un enemigo. Existe la sensación de desconfianza y para evitar el daño se alejan (física o emocionalmente), la confianza, la complicidad y el compromiso brillan por su debilidad o su ausencia.
  • Asustado – evitativo: las personas con este estilo tienen pensamientos ambivalentes sobre las relaciones, se sienten incómodos con la intimidad pero la desean desesperadamente. A diferencia de los anteriores, se observan a sí mimos como alguien sin valor.

Pero ¿cómo puedo saber que mi forma de vincularme es “segura”? algunas claves fundamentales:

  • La opinión sobre la pareja es positiva desde el realismo, no la idealización. Se basa en la aceptación de las diferencias.
  • La pareja se percibe como una figura cercana, accesible y estable, con un comportamiento predecible y positivo.
  • Los conflictos no se evitan ni resultan explosivos, se resuelven de manera asertiva.
  • Que exista un problema en la pareja no implica la sensación de que la relación se va a terminar.
  • La relación es un puente para interactuar de forma autónoma con otras personas, ser sociable y sentir confianza.
  • La pareja es una fuente a la que acudimos cuando necesitamos ayuda, pero no se establece una relación de dependencia.

En definitiva, el apego seguro en las relaciones de pareja es la visión de equipo, el otro se presenta como un apoyo, en ningún caso  un enemigo, confiamos en que busca nuestro beneficio y pretende ayudarnos, no dependemos de la otra persona, ni nuestra vida se va con ella, pero queremos compartirla, eso nos hace sentir seguridad.

Estas relaciones también se terminan (por múltiples factores) pero no hay guerras y no hay ataques.

Tomar conciencia de la manera en la que nos vinculamos a los demás es el primer paso para acercarnos a eso de “seguridad” en la relación de pareja. Los estilos de apego no son inmutables, y, sin lugar a dudas, constituyen un objetivo terapéutico.

“Quien llega y construye junto a ti una relación, tratando que sea duradera, es quien verdaderamente se queda. Quien crea confianza en ti con acciones, es quien tiene derecho a disfrutar de los beneficios de tu amor y a quien debes cuidar. Porque aunque nada dura para siempre, lo que se cuida, dura siempre un poco más”.

 


Pilar Rico
Nº Col. M-31466

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