Psicología y… ¡acción!: Múltiple

Es sabido que el cine y las series son uno de los hobbies más extendidos de todo el mundo; de hecho, es fácil encontrar artículos tratando de calcular cuantas horas habremos invertido a lo largo de toda nuestra vida en ver series o películas.

Más allá del sensacionalismo de estos artículos y aunque puede parecer una tontería el tiempo que les dedicamos, ese tiempo sí que es relevante. Nosotros como humanos, nuestro Yo, el Self, lo que somos (comúnmente conocido como nuestra personalidad), somos un constructo. Sí, somos un conglomerado o conjunto de rasgos que perfilamos en función de todos los acontecimientos de nuestra vida, las personas que conocemos, las experiencias que vivimos o lo que vemos. Digamos que esos sucesos dejan una huella en nosotros. Sin embargo, todo el mundo, incluidos los psicólogos, en nuestro día a día caemos a veces en el uso de la expresión “no tiene personalidad”, para referirnos a una persona que se deja influenciar.

Nada más lejos de la realidad. Todos los seres humanos tenemos personalidad, y está formada por un conjunto de rasgos, como la extraversión, el neuroticismo o la responsabilidad, entre otros, y se presentan siempre en mayor o menor medida.

Con frecuencia vemos películas que nos marcan, nos hacen reír, llorar, pensar… y sin quererlo, se graban en nuestra memoria. Desde que somos niños, y especialmente en esta nueva era llena de superhéroes, vemos un gran número de conductas y acciones, y aspiramos a ser como esas personas que pueden con todo. Con poderes, con dinero, o con tecnología futurista…nadie se para a pensar que el protagonista puede presentar un trastorno narcisista, que además de ser un adjetivo para criticar la egolatría que pueda tener una persona; es un trastorno en sí mismo, con sus síntomas, totalmente diagnosticable, que puede ocasionar un perjuicio para la persona que lo padece, siendo mucho más que un chascarrillo cinematográfico.

El problema del cine es que nos muestra trastornos reales, en ocasiones de forma velada (como lo mencionado previamente de los superhéroes), y otras veces de forma distorsionada o sobredimensionada, que pueden llegar a confundir a los espectadores.

De hecho, existen multitud de películas muy conocidas gracias a su gran reparto, que aunque hacen unas actuaciones brillantes, no reflejan los trastornos con exactitud. Uno de los ejemplos que podemos encontrar es la película Múltiple, en la que nos presentan a un joven llamado Kevin diagnosticado con “Trastorno múltiple de la personalidad” aunque el termino correcto sería “Trastorno disociativo de la personalidad”; pero es obvio que el termino múltiple queda más espectacular.

De hecho tiene sentido, ya que en esta película pretenden contarnos que en su cerebro confluyen un total 24 personalidades, incluyendo una bestia que más parece sacada de un videojuego. Si bien es cierto que en la vida real una persona con este trastorno (que puede presentar desde 2 hasta las 100 personalidades), aunque no es lo usual puede presentar disonancias entre gustos, aficiones o estados de ánimo en sus distintas personalidades, desde luego no te dota de la capacidad de trepar techos como si fueses Spider-man, ni te deja ciego, etc.; puesto que esta varianza, no afecta a las capacidades fisiológicas.

Del mismo modo, las personas que padecen este trastorno presentan una disociación del Yo. Esa disgregación y pérdida de conciencia del Self, de lo que es uno mismo, al dividirse en otras personalidades, con sus particularidades y diferencias, hace imposible el dialogo que vemos en la película, entre las distintas personalidades. Esto es debido, a que las distintas personalidades no pueden coexistir a nivel consciente en la conciencia.

Imaginemos la conciencia en este caso como un coche de una única plaza. Puede bajarse una persona y entrar otra para coger el volante, pero solo puede conducir uno. Dentro del coche solo cabe uno de ellos.

Además, este trastorno suele presentar alteraciones de la memoria, episodios de fuga disociativa, etc.; lo que se puede resumir usando el símil del coche como: cuando el nuevo conductor apareciese, no tendría ni idea de lo que se ha hecho con ese coche hasta ese momento, ya que él no conducía hasta ahora. Cuando una de las personalidades toma el control, lo hace forma independiente, no pudiendo saber nada de las otras, ni que han hecho, ni que piensan o sienten.

Todo esto nos sirve para llegar a la conclusión de que, aunque es este un recurso muy usual en el cine, ni este trastorno disociativo te va a dar poderes sobrehumanos, ni las personalidades van a poder charlar entre ellas sobre sus hazañas. Sin embargo, como da mucho más espectáculo, es un recurso habitual verlas enfocadas de una manera más imaginativa. Como otros ejemplos, estoy segura que todos los cinéfilos recordaréis las conversaciones que tenían lugar en El club de la lucha entre Brad Pitt y Edward Norton o en la trilogía de El señor de los anillos entre Gollum y Smeagol.

Si te gusta el cine, las series, etc. y eres una persona curiosa, no dejes de visitar esta serie de artículos orientados al mundo de la psicología en el ámbito de la pequeña y la gran pantalla. En el próximo, te traeremos una vista un poco más clínica de tus personajes favoritos de The Big Bang Theory. ¡Nos vemos pronto!

 


Nieves Marin
Nº Col. AN10732

 

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