Cuando dejamos de luchar: La indefensión aprendida

Cuando los seres humanos percibimos una posible amenaza, sea ésta real o imaginaria, solemos reaccionar de dos formas: atacando o huyendo. El uso de una u otra respuesta, dependerá del grado de capacidad que nos otorguemos para hacer frente a la situación.

Nos defendemos y atacamos, cuando creemos que podemos contar con recursos suficientes para hacer frente a la misma. Este aspecto, requiere de cierta valentía, fuerza y poder. Es una actitud proactiva.

La huida no simplemente es una forma de evasión, no siempre “luchando” se gana. Cuando percibimos que no contamos con los recursos suficientes para hacer frente a la situación o vemos que esta “nos queda grande”, huimos.

Sin embargo, hay otro tipo de respuesta: la no respuesta. Existe un grupo de personas que, ante la misma situación no hacen nada. Pero ¿Qué hace que esto ocurra?, ¿Por qué determinadas personas se paralizan y dejan de actuar ante situaciones que les resultan claramente dolorosas?, ¿Por qué no luchan?, ¿Por qué no se defienden?, ¿Qué lleva a pensar a una persona que su conducta no tiene influencia sobre sus resultados? La respuesta a todo ello se encuentra en la Indefensión Aprendida (IA) y, en este post hablaremos de ello.

Qué es la indefensión aprendida (IA)

Como su propio nombre indica, la IA, es algo aprendido. La persona interioriza que da igual lo que haga, ya que su conducta no influirá en el resultado. Esto se produce tras la exposición de forma prolongada a situaciones, donde con independencia de la respuesta que ésta haya emitido, no ha obtenido ningún tipo de resultado. Al final, interioriza falta de control sobre las situaciones y se sumerge en la pasividad, la inhibición y la resignación. Se trata de una creencia limitante que acarrea graves consecuencias para nuestra autoestima. No es el hecho en sí, lo que produce la IA, sino la interpretación de la situación y la percepción de autovalía, lo que fomentará su desarrollo.

El término IA surgió en la década de los setenta, a raíz de unos experimentos realizados con perros, por Martin Seligman. Pese a la crueldad y la poca ética en el empleo de estos, el autor descubrió que los animales a los que se les infundió terror, tras ser sometidos a descarga eléctrica indiscriminada, dejaban de emitir respuesta, tras un periodo inicial de shock y, aunque posteriormente se les diera la oportunidad de salir de esa situación, el animal permanecía pasivo y triste. Tras esto, concluyó que quienes se ven sometidos a situaciones de incontrolabilidad, posteriormente van a mostrar déficits en el aprendizaje, no tanto por la capacidad, sino por la ausencia de fe en uno mismo.

Así, la persona siente miedo, pierde la fuerza silenciando su instinto, agotándose y dejando de luchar. Veamos con unos ejemplos cómo se puede desarrollar.

Cómo se desarrolla la indefensión aprendida

Laura creció en un ambiente donde hiciera lo que hiciese la respuesta podía ser aleatoria. Lo mismo se la premiaba que era castigada, muchas veces sin explicación alguna*, porque en realidad así era, no dependía de nada de lo que ella hiciese, sino del grado de frustración que hubiera en su ambiente, pero esto ella no lo sabía…6  Creció pensando que algo mal estaba en su interior. Así fue, como poco a poco se fue instalando en ella: la duda, la inseguridad y, una percepción un tanto difusa que, en ocasiones, le llevaba a plantearse qué ni siquiera sabía quién era. En su vida adulta tendría grandes dificultades en sus relaciones interpersonales.

*Este sistema de aprendizaje, se conoce como refuerzo intermitente y como su propio nombre indica es una alternancia entre premios y castigos con independencia de lo que el otro haga. Un método que hace que nos enganchemos para recibir refuerzo positivo o premio.

A Paola la llamaban foca en el cole, le costaba hacer amigos y nadie entendía por qué esa mirada trise y perdida la acompañaba durante todo el día. Ella era distinta, más adulta para su grupo de edad. Había aprendido a encajar los golpes sin hacer nada. Nadie la esperaba, llegó sin avisar, así se lo hacían saber en casa y así creció, asumiendo que debía esforzarse para que los demás la quisieran, asumiendo más responsabilidad de la que tocaba y un sentimiento de culpa que arrastraba todo el día. La comida era su paliativo y el reflejo de su carencia total de amor propio.

Clara, algo más mayor que las anteriores, había aprendido a identificar “las señales”, ella no era consciente, ya que la negación formaba parte de su repertorio, pero vivía en estado de alerta constante. El ruido al girar la puerta de la calle o su mirada sabía que podían ser el preludio de una gran bronca. Y daba igual lo que dijese o hiciese, la cuestión era que siempre era culpa suya. Así que aprendió a callar, a bajar la mirada y a aguantar. Es lo que había aprendido que debía hacer una buena chica.

Las tres aprendieron a silenciar su voz, a no considerarse importantes, a vivir con culpa y miedo. La tres, desarrollaron respuestas de indefensión que las llevó a perder su esencia. No se habían concedido el permiso de ser quienes eran, con sus luces y sus sombras. Sus heridas eran demasiado dolorosas y disociarse de la emoción era más fácil que abrazarla. En las tres, el maltrato formaría parte de sus vidas. Hasta que ellas tomaran partido…

La indefensión aprendida en las relaciones de maltrato

Como el lector habrá podido deducir de los ejemplos anteriores, la IA es un tipo de respuesta muy frecuente ante la experiencia continuada de maltrato. Suele darse tras un periodo de devaluación y aislamiento de la víctima, característicos del ciclo de abuso emocional* que padecen. La persona interioriza su falta de capacidad para salir de la situación, la incontrolabilidad de la misma y se sume en la pasividad.

En Psiko colaboramos con la fundación Ana Bella, red de mujeres supervivientes de violencia de género y es un aspecto que trabajamos en terapia.

*Aspecto que trataremos en otro post con detenimiento, ya que el ciclo del abuso es la base del maltrato.

Consecuencias de la indefensión aprendida

A grandes rasgos podemos hablar de tres esferas ampliamente alteradas: emocional, conductual y cognitiva; a nivel emocional: El más frecuente es el miedo, la sensación de derrota y la resignación; es común también, la aparición de sintomatología de tipo ansiosa y depresiva, la percepción de poca valía, los bloqueos, la pasividad y la falta de motivación para con todo, así como, una carencia total de límites y amor propio. A nivel conductual: Se produce un retraso en la emisión de respuesta, debido en parte, a la percepción de poco valía, si la exposición es continuada, la persona finalmente deja de emitirla. A nivel cognitivo: Aparecen distorsiones y sesgos, alimentados por los pensamientos de tipo disfuncional que crecen a raíz de este tipo de experiencias. Podríamos hablar de tres aspectos fundamentales, en primer lugar, la tendencia a la atribución externa: es decir, situar en el exterior la responsabilidad. Este aspecto, fomenta la sumisión y la pasividad. En segundo lugar, la percepción de estabilidad: Pensar que esa situación vivida es algo estable sin posibilidad de variación ni mejora. Por último, un aspecto generalizado: generalizar una situación puntual a las venideras nos condiciona a la hora de actuar, anteponiendo peligros que quizá no existen y no afrontando la nueva situación.

Cómo prevenir o salir de un estado de indefensión aprendida

La indefensión es algo que como su propio nombre indica se aprende y, por tanto, también se puede desaprender. El tiempo, la perseverancia y la paciencia serán determinantes para ver resultados nuevos. Algunos aspectos serian:

Abandona el pensamiento de “creer que no puedes”: Dentro de un ti hay un potencial posiblemente sin explorar. Somos más fuertes de lo que creemos y todo se basa en la confianza. Trabajar las fortalezas y exprimirlas será parte de nuestro trabajo. Ponte a prueba realizado nuevas tareas que antes no hacías. Desafía tus propios límites.

Desarrolla la perseverancia y la tenacidad: Serán dos de los motores que te impulsen a la acción. La clave del éxito radica en ello.

Toma el control de las situaciones: Asumiendo que tus acciones sí tienen influencia en tus resultados. Aprendemos en base al ensayo-error: No es un fracaso fracasar, siempre que sigas intentándolo.

Trabaja tu autoestima: Tener una buena autoestima te ayudará a exponerte mejor a cualquier situación vital. Ten claros tus límites: Qué estás dispuesto y no a tolerar y defender esto si alguien pretende saltarlos. Trabajar la asertividad será muy importante.

Si crees que no puedes sola, acude a grupos de ayuda o haz psicoterapia individual, expón tu situación ante personas que hayan podido vivir experiencias similares o tengan una forma de proceder parecida. Sentirse acompañado, o con apoyos es muy importante en tu recuperación. Solicitar ayuda si la necesitas no es malo. En Psiko contamos con un amplio equipo de psicólogos y estaremos encantados de poder ayudarte.

 

Verónica Vivero
Nº Col. COPC-19212

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