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Ataque de ansiedad

Ataque de ansiedad

El ataque de ansiedad también es conocido como crisis de ansiedad, crisis de angustia o crisis de pánico. Dichos episodios consisten en un estado de ansiedad muy intenso, súbito y de corta duración. Este estado de ansiedad tiene unas manifestaciones identificables tanto a nivel físico como a nivel psicológico.

Síntomas de un ataque de ansiedad

Estos son los principales síntomas de los ataques de ansiedad:

  • Presión en la zona del pecho
  • Dificultades en la respiración (sensación de ahogo)
  • Aumento del ritmo cardiaco
  • Llanto muy intenso
  • Dolores musculares
  • Dolor de cabeza
  • Temblores
  • Problemas gastrointestinales
  • Despersonalización y desrealización
  • Miedos de diferente índole

¿Qué hacer si sufres un ataque de ansiedad?

Los ataques de ansiedad son capítulos que causan mucho sufrimiento, y que, debido a su aparición súbita y a su corta duración, solemos tener muy poco control sobre estas crisis. No obstante, hay algunas recomendaciones generales que pueden ayudar a paliar y, en algunas ocasiones evitar que se produzca la crisis:

  • Salir del contexto en el que te encuentras si notas la aparición de los primeros síntomas. Un cambio de contexto deriva en un cambio de estímulos que nos rodean y, por ello, implica una diferente percepción de lo que nos sucede.
  • Redirige tus pensamientos. Aunque esto requiere de cierto entrenamiento psicológico, existe un claro componente cognitivo que interviene en la aparición de las crisis de pánico, tales como los pensamientos relativos a que nos vaya o nos pueda suceder algo malo. Entrenando la reconducción de este tipo de pensamientos podremos conseguir pensar en algo diferente a lo que solemos pensar antes de padecer la crisis, lo cual puede llegar a evitar dicha crisis.
  • Atención sobre la respiración. Para tratar de no centrarnos en nuestros pensamientos o en los síntomas que estamos padeciendo (ya que centrarse en los síntomas suele producir más ansiedad), una técnica rápida y sencilla que podemos utilizar, una vez que ya se ha empezado a sentir la sintomatología de una forma más notoria, es la de “distraer” nuestra atención hacia la respiración, para que además podamos tratar de controlarla.

Cómo diferenciar un ataque de ansiedad de la ansiedad habitual

Las dos variables que diferencian una crisis de ansiedad de episodios de ansiedad habituales son el tiempo y la intensidad. Mientras que un ataque de ansiedad es un episodio habitualmente breve, los episodios de ansiedad suelen ser más prolongados. Además, la intensidad de una crisis es mucho más alta que en el caso de capítulos de ansiedad.

Qué hacer cuando alguien tiene un ataque de ansiedad

Si estás sufriendo un ataque de ansiedad ya es demasiado tarde para tratar de prevenir o evitar; en este momento lo necesario será tratar de rebajar la intensidad de la ansiedad y sus síntomas.

En primer lugar, salir del contexto en el que estás teniendo la crisis de ansiedad podrá reducir el nivel de ansiedad, al exponernos a otros estímulos diferentes a los que nos evocan ese estado.

En segundo lugar, es muy importante que se dé una toma de consciencia de que los síntomas que se están teniendo están contextualizados a una situación, y no perder de vista que esos síntomas van a dejar de darse.

En la medida en que tengamos una buena capacidad de imaginación, cerrar los ojos e imaginemos situaciones que nos evoquen tranquilidad nos puede ayudar a paliar los síntomas de esa crisis, combatiéndolos con pensamientos que evoquen otras sensaciones.

Si el ataque de ansiedad lo está sufriendo una persona de tu entorno, es importante que no sean muchas las personas que acudan a su auxilio, pues podrían incrementar la intensidad de los síntomas, por lo que trataremos de que sean solo una o como mucho dos personas quienes se acerquen a dicha persona para ayudarla. En este caso, es muy importante que la persona que ayude esté calmada y se comunique de una forma firme, segura y calmada. En algunas ocasiones, dependiendo del contexto, es recomendable desabrochar algunas prendas de ropa que puedan apretar, e incluso tumbar a la persona, invitándole a que cierre los ojos, con el fin de eliminar los estímulos que puedan reforzar los síntomas. Finalmente, a ser posible, la persona que ayude también puede invitar a la persona afectada a que respire al ritmo que marque, para regular su respiración y que esta, además, sirva como un estímulo sobre el que se centre la persona, para desviar la atención de otros estímulos reforzadores de los síntomas de la crisis.

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